LA ERÓTICA DE LA EFICIENCIA

—Hola

—Ah, hola
¿Qué tal?

—Bien y mal

La mujer ladeó la cabeza
—Buena contestación

—Es la única que tengo

Silencio breve
Parada de autobús
Dos desconocidos

—¿Te puedo tutear? —preguntó él

—Ya lo está haciendo
Pero siga. Ya que hemos empezado raro…

Asintió incómodo, aliviado

—Odio el small talk

—¿El qué?

—Esto. El “qué tal”, el “a ver si quedamos”, el “dale recuerdos”. Me angustia

—Curioso. Es lo que acaba de iniciar usted

—Por eso. Lo hago fatal

—¿Y qué le angustia exactamente?

Mirando al suelo

—Que no sé si significa algo. Si es un trámite. Si es un ritual. Si es un intento de intimidad. Si tengo que devolver la pregunta. Si me la devuelven por compromiso. Si alguien me pregunta “qué tal” y yo contesto pero no pregunto… ¿soy un egocéntrico?

Risa leve

—O un tímido

—No soy tímido

—Entonces es peor

—¿Peor?

—Sobrepiensas

Bocanada larga

—También me incomodan los dos besos

—Imagino

—No por lo que cree

—¿Qué creo?

—Que pienso que es invasivo. Que invado. Que me invaden. Que no sé si la otra persona quiere ese contacto. Que no sé si yo lo quiero. Que todo es coreografía… eh… ¿torpe?

—¿Y ahora que damos la mano?

—Lo mismo

—¿Y el abrazo?

—Depende

—¿De qué?

—Del ritmo

Mirada distante

—Explique

—Si hay naturalidad, bien. Si es protocolo, mal. Si hay frecuencia, fluye. Si es impostado, se nota. Como cuando alguien pregunta “qué tal” y en realidad no quiere saberlo

Pausa

—¿Y cómo saber si habrá naturalidad la primera vez?

—No se sabe

El autobús aún no llegaba

—¿Esto te pasa solo con desconocidos?

—Y con las mujeres de mi vida. Gracias por volverme a tutear

Ceja al noroeste

—Ahí ya entramos en territorio interesante

—Es lo mismo. Si no hay ritmo, se nota. Si no hay frecuencia…

—¿Frecuencia de qué?

—De atención. De presencia

Silencio otra vez

—Si todo es cabeza, no funciona. Si todo es instinto, tampoco. Si empiezas sin preliminares, torpe. Si planificas cada gesto, artificial

—¿Estás hablando de eficiencia y de sexo?

—Supongo

Ella cruzó los brazos

—Estamos obsesionados con la eficiencia

—Sí

—Empresas, procesos, administraciones, tecnologías, mentes….¿no es inhumano?

—Nadie quiere perder el tiempo

—Ni aceptar que no todo tiene que salir perfecto

—Ni que la armonía no se fabrica

Un coche pasó demasiado rápido

—Una vez —siguió él— le di la mano a un político. Me miró a los ojos. Fue agradable

—¿Y?

—Luego pensé que era un gesto diseñado. No íntimo. Mecánico. Y me molestó haber sentido algo auténtico

—¿Te molesta sentir algo si sospechas que el otro no lo siente igual?

—Claro

—Eso también es eficiencia mal entendida

—¿Cómo?

—Optimizar cada gesto. Garantizar reciprocidad. Evitar el riesgo de sentir

Pausa

—El small talk no es el problema —añadió ella—. Es el preliminar. A veces lleva a algo. A veces no. Pero si lo odias, quizá odias más la incertidumbre que el riesgo

Él sonrió apenas

—Odio tener que decidir si me dejo llevar o si me protejo

—Eso no se decide. Se baila

—No sé bailar

—Claro que sabes. Solo que quieres coreografía y espontaneidad

El autobús apareció al fondo

—¿Entonces qué hago?

—Practicar

—¿El qué?

—No convertir cada interacción en un sistema

—Suena agotador

—Te recuerdo que eres un sobrepensador

El autobús frenó

Puertas abiertas

Ella subió el primer escalón y se volvió

—¿Mañana a la misma hora?

Él sostuvo la mirada un segundo de más

—No te creas que…


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